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sábado, 17 de agosto de 2013

Historia de la estupidez humana






Entre las dos guerras en Europa Central existió un insulto favorito, que adoptaba la forma de una pregunta. Solía preguntarse: “Dígame... 
¿duele ser estúpido?” Desgraciadamente, no duele. Si la estupidez se pareciera al dolor de muelas, ya se habría buscado hace mucho lo solución del problema. Aunque, a decir verdad, la estupidez duele... sólo que rara vez le duele al estúpido.

"Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto de manera intachable y perfecta. Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste a darles esa noticia, pues desconocer la estupidez equivale a la prosperidad. La estupidez, que reviste formas tan variadas como el orgullo, la vanidad, la credulidad, el temor, la arrogancia, la discriminación y el prejuicio, es el blanco fundamental de este escrito."

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